viernes, agosto 16, 2013

No lo vi al hacer la foto

En la penúltima entrada del muy recomendable blog de Juan Carlos Victorio aparecen un par de fotos ridículas (como la inmensa mayoría) de dos ovnis tomadas por una mujer en Mar del Plata este año. Como es fácil observar, se trata de reflejos en la cámara de dos farolas (ignoramos si esas farolas son extraterrestres; quizá el ufólogo -o lo que sea- que divulgó las fotos inicialmente debería cargarse con la mochila de campo y salir a "investigar" tal extremo). Lo interesante aquí no es el propio caso, un típico ejemplo de foto estúpida convertida en misterio (sello de calidad de ovnilandia), sino la paradoja que en tal hecho hay.

En los comentarios de la entrada, Julio Plaza (que también está provocando alguna subida de tensión al maguferío platillista últimamente, aquí, aquí y aquí) aclaraba algunas cuestiones técnicas a un anónimo previo, y al final de sus consideraciones aseguraba:

Pero el mito al que me refiero y que se intuye al leer los comentarios, en realidad tiene más que ver con una especie de magia que hace a los ovnis invisibles al ojo, pero no a una cámara, como si esta fuera más sensible a la luz, o si pudiera ver cierta luz visible que el ojo no ve.

En el mundillo cerrado y con olor a humedad de la ufología internetera y del papel cuché mensual abundan las fotos de manchas, rastros y mocos luminosos que no fueron vistos por el fotógrafo en el momento de ser tomada la imagen (en mi archivo de Canarias tengo unos cuantos casos de esos). Esta circunstancia, que no fueran observados en el citado momento, parece que le da un plus a la imagen. Supongo que es cosa de las ganas de tragarse cualquier chorrada que te tropieces mientras la puedas metabolizar como "misterio" para fortalecer una creencia previa. Los nuevos "ufólogos", algunos de ellos jóvenes periodistas, maman de las mismas ubres secas de hace treinta años. Repiten las mismas consignas, las mismas chifladuras que los correcaminos del platillo en el siglo pasado. En este sentido la ufología no es que haya muerto, es que fue un aborto desde sus inicios. Volvamos a la imagen super-misteriosa de Mar del Plata.

Lo único interesante de dicha toma es lo que se puede generalizar de ella y de otros centenares semejantes: la paradoja, como dije más arriba, que se oculta en ella. En el mito ufológico los testigos son excelentes y totalmente dignos de confianza (en particular los pilotos aeronáuticos, esa especie fraudulenta difundida por los vendedores de misterios inventados mientras hacen aguas mayores). Tienen capacidad para no confundirse y para poner en palabras la realidad tal cual la vieron, sin pérdida ni reelaboración. En este sentido, hay una pureza mítica en el testimonio humano que se sitúa incluso POR ENCIMA de una fotografía (los ejemplos más llamativos son los de las fotos de lanzamientos de misiles o de reentradas de chatarra espacial, que son relegadas frente a los testimonios más aberrantes y fantasiosos). Pero, por otro lado, una insuficiencia evidente de la percepción (lucecitas y manchitas variadas que aparecen en las fotos que no son vistas por el ojo humano en directo) es socorrida por la tecnología, aquí sí, no como en las fotos de misiles o de reentradas, para ser introducidas como curiosidades "misteriosas". Lo que "el ojo no ve" lo ve un dispositivo técnico porque tiene una "capacidad mayor", es más fiel en este caso, está "más alerta" frente al misterio que nos viene de arriba, que seguramente tiene buenas razones para dejarse fotografiar en fotos que en realidad son vergonzosas, pero que son deglutidas por el buen creyente sin masticar, como un testimonio cuando conviene.

El mito siempre gana: cualquier hecho, cualquier testimonio, cualquier fotografía será convenientemente asimilada por los periodistas del más allá y por los crédulos para reforzar su cuenta corriente y sus creencias.

4 comentarios:

Julio Plaza dijo...

Las fotos necesitan imperiosamente ese "plus" que comentas. Sin él, no pasan de ser tristes puntitos brillantes, o manchurrones borrosos sin ningún tipo de misterio. Hay que dar un plus de misterio, o no se le vende a nadie la moto.

Hace tiempo comenté algo en mi blog: uno se coge un relato de los "clásicos", y lee descripciones de testigos que son peloescarpiantes. Hoy día, que todos tenemos una cámara de fotos en el móvil, resulta que sólo aparecen puntitos de luz, y manchurrones que no dicen nada. ¿Cuantos de esos acongojantes relatos se hubieran quedado en nada si hubiera habido una foto de estas? ¿En qué quedan estas fotos, si no se le añade ese plus de "no lo ví cuando la hice"?. La tecnología está matando el fenómeno ovni.

Aris Tofeles dijo...

con el digital es más dificil lo de las manchitas...con el analógico hasta una mancha de un mal revelado era un ovni...
aunque, ojo, haberlos haylos...

Ricardo Campo Pérez dijo...

Julio: ante tus preguntas pienso, en particular, en los relatos de "encuentros cercanos" de los años 50, 60 y 70 por toda España. Hay algunos centenares no explicados. Algunos de ellos describen lo que parecen puros encuentros con entidades humanoides, aunque de ninguno hay fotos... Ballester le dedicó dos libros al asunto, que es probablemente, y sin probablemente, lo mejor que se ha escrito en España al respecto.

Como no cabe pensar que todos esos relatos sean producto de bromistas y gente con ansia de salir en la prensa (aunque seguramente son factores con una incidencia mayor de la conocida), debemos pensar que se trató de algún 'fenómeno' psico-social al que los ufólogos, incluso los más respetables, han prestado poca atención. O bien no han podido ir más allá de sugerencias en este sentido.

El 'fenómeno', que lo hubo como tal, es la cantidad de personas (me refiero a los casos no explicados) que, de una forma u otra, confundieron cosas triviales con seres, con artefactos inverosímiles, con extraños comportamientos de ambos, todo ello en una época donde los ovnis estaban de moda. Hay una parte de la población que es proclive a tener experiencias de este tipo (como indica ese rasgo de personalidad con tendencia a la fantasía). Puede haber muchos factores en juego, sin duda, y hasta que alguien aporte las pruebas correspondientes (a muchos nos han salido telarañas de décadas esperando) de que se trata de seres alienígenas de paseo por el planeta debemos pensar que se trató de la compleja incidencia de factores sociales, publicidad, estereotipos biológico-alienígenas y tecnológico-alienígenas, medios de comunicación, libros, conferencias, actos propagandísticos de pseudo-ufólogos de campo y playa, etc. todo ello incidiendo en la mente, en la percepción, en los temores, en las creencias, en las intuiciones y en los recuerdos de muchas personas. ¿Alguien dijo que el folclore ufológico no es interesante?

Lluís Bosch dijo...

Los pioneros de la fotografía ya se dedicaron a fotografiar fantasmas, de modo que fotografía y apariciones fabulosas han ido siempre de la mano. Posiblemente se dieron cuenta enseguida de lo fácil que era realizar trucajes.
Pero creo que sobre todo está nuestra credulidad y más allá la necesidad humana de conectar con algo maravilloso en un mundo tan miserable y triste como el nuestro.